El Relato de Caro

Posted on September 10, 2011

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Llegaron los últimos días en África, y los aprovechamos para visitar la Ciudad del Cabo y sus alrededores.

Pudimos despedirnos de la vegetación Africana caminando por la curiosa Montaña de las Mesa, una de las más antiguas del mundo. Escalamos hasta la cima con algunas complicaciones ya que Mona tenía vértigo, y además hacia mucho frío, pero una vez arriba gozamos de las espectaculares vistas de la ciudad y más allá del mar. Para bajar la montaña tomamos el teleférico.


Pudimos despedirnos de la fauna visitando el cabo de Buena esperanza donde viven una especie de pingüinos pequeñitos y divertidos.


Pudimos despedirnos de las ciudades africanas, conociendo la parte Antigua de la Ciudad del Cabo, donde aún se encuentran las casitas coloridas de los Pescadores coloniales.

Mona se pudo despedir de los pelos “afros” de las nativas, ya que se dejó crecer el pelo y se hizo hacer unas trencitas para semejarse a las reales Reinas Africanas, pero para estar guapa se ha de sufrir, y ella no es menos ya que tuvo que estar 9h sentada en una peluquería local mientras se las hacían, pero valió la pena.

Y así dejamos el continente africano con mucho pesar y con ganas de volver, pero antes también nos despedimos de los “estreses del principio del viaje”, ya que una vez en el aeropuerto y a punto de tomar el avión hacia New York,  Oyvin se dio cuenta de que se había dejado en el hostal todos los papeles para poder recoger nuestro coche en Montreal, por lo que tuvo  tomar un taxi e ir a recogerlos a toda pastilla.

En Ciudad del Cabo, a pesar de existir una enorme diferencia entre el Township (lugar donde obligaban a vivir a la población negra) y una zona de impresionantes chalés y mansiones (de los “blancos”), en el centro de la ciudad pude ver como habían bastantes grupos urbanos mixtos, así como parejas, y eso me dejó una agradable sensación de esperanza.

Y llegamos a New York, la ciudad que nunca duerme, pero nosotros sí que lo hicimos en la bonita  y acogedora casa de Pamela, Santi e Adrian (vecinos de Vallvidrera) en el barrio de Brooklyn, a 10 min. del mismísimo Puente de Brooklyn.

En NY pasamos 3 días caminando intensamente por la isla de Manhattan. Para ello nos dividimos en dos grupos para poder tener más libertad: Oyvin y Mona con Kristian por una parte y las chicas por otra.  Nosotras empezamos el primer día por el sur de la isla, visitando Wallstreet, Chinatown, Little Italy, el Soho donde empezó a llover a cantaros, pero como no podíamos permitirnos parar la visita continuamos caminando. Un portero que nos vio nos ofreció unas bolsas de basura para podernos proteger de la lluvia, así que acabamos caminando por la ciudad de la moda enrolladas con enormes bolsas negras de plástico. Al final paró y pudimos acabar nuestro día viendo el Empire State, y Times Square. El siguiente día, después de correr por Brooklyn, continuamos nuestra visita pasando por Central Park, la Biblioteca Pública, Grand Central Station, el Upper East y West Side y acabamos con el barrio de Chelsea, y luego a casa andando, y esto era poco para el plan de Adriana. Tengo que decir que después de estos días acabé con serios problemas en los pies, y no fui la única.

El tercer día cogimos un tren hacia Stamford, donde solía vivir la familia Kyvik cuando yo aún no existía. Visitamos la casa donde solían vivir y fue bastante emocionante (para ellos) ya que mis padres recordaron sus primeros días siendo familia, y Adriana y Kristian se recordaron del parque donde solían jugar y la carretera donde empezaron a pedalear su primera bicicleta.

En Stamford nos alojamos en la casa de Judi, la madre de una de las madres adoptivas de Kristian durante su intercambio en Boulder. Ella nos acogió con mucho cariño y pudimos disfrutar una cena muy rica e interesante.

La mañana siguiente cogimos un bus hacia Boston, para poder visitar la ciudad universitaria y a los primos portorriqueños. Después de 5 h en el bus, nos dirigimos al acogedor apartamento de Enrique y Jaime en pleno Beacon Hill, nuestros primos y futuros doctores, uno de los cuales estaban estudiando para el MCAT. Afortunadamente se los sabía bastante bien, así que nos pudo guiar por la ciudad pasando por las importantes universidades y hospitales. La ciudad me impresiono ya que la mayoría de habitantes eran estudiantes, por lo que había mucha vida en el centro, así como una gran cantidad de jóvenes haciendo ejercicio por el parque. Pero lo que más me impresiono fue el ambiente que se respiraba, para bien y para mal. Boston es la ciudad que tiene más universidades por metro cuadrado, y la mayoría son de alto standing, Harvard entre ellas, por lo que había un sentimiento de competencia entre estudiantes, universidades, carreras… por quién es mejor, quién saca mejores notas, quién entra a esta Universidad o la otra del lado que no es tan buena… realmente me di cuenta que todos los jóvenes luchan por ser respetados, por poder entrar a la mejor Universidad que puedan, por ser mejor que su compañero de clase, y la educación en si se la toman muy en serio, algo que nunca había vivido antes. También me hizo gracia cuando visitamos  el campus de Harvard, ya que la mayoría de estudiantes eran o indios o chinos, ya que por lo que entendí, son entrenados desde muy pequeños para poder ser aceptados en estas escuelas. Pasamos dos agradables días allí en compañía de los primos que hacía mucho tiempo que no veíamos.

Cogimos, luego, un bus hacia Montréal con ganas de poder, por fin, recoger nuestro querido coche y seguir el viaje con él, pero al llegar, nos anunciaron que tardaría un día más en llegar, por lo que buscamos un hostal en la ciudad para quedarnos esa noche. A la mañana siguiente nos comunicaron que el coche había sido llamado en Halifax a inspección, y que podría tardar entre  1 y 2 semanas en llegar. Aprovechamos el tiempo para visitar la ciudad, que en mi opinión me pareció muy europea, ya que se habla francés y comparte el mismo espíritu de independencia que Barcelona. Me sorprendió que algunos habitantes se emocionaban al saber que éramos catalanes, ya que Cataluña es una fuente de inspiración, e incluso algunos nos tarareaban alguna canción en catalán. Montréal es una ciudad cara y nos parecía imposible quedarnos tanto tiempo en el hostal, por lo que tuvimos que solucionar el tema de alojamiento. No había apartamentos disponibles ya que era la semana de inicio de universidad y todos los estudiantes estaban llegando y los hostales estaban todos llenos. Decidimos irnos fuera de la ciudad, en el pueblo donde estaba la oficina del agente de aduanas y el almacén donde supuestamente llegaría nuestro coche.  Estaba muy cerca del aeropuerto, así que decidimos acampar allí. Pasamos unos días como auténticos “homeless”, y al llegar la cuarta noche nos dimos cuenta que necesitamos una ducha y cambiarnos de ropa, así que buscamos un hotel para poder renovar fuerzas.

Y  finalmente nos informaron que el coche había llegado pero nos faltaba un papel para poder recogerlo, así que después de mucho stress lo conseguimos junto con el sello de las aduanas, así que Mona y yo corrimos hacia las afueras de la ciudad para poder POR FIN recoger nuestro coche y salir  pero cerraban a las 4”30 y eran ya las 4”15 así que cruzamos los dedos y cogimos un taxi…Llegamos finalmente a las 4’25 y preguntamos y nos hicieron esperar. Finalmente llegó un trabajador del almacén  que solo hablaba quebeqoise y no hablaba ni una pizca de inglés y con gestos le dijo a Mona que lo siguiese y a mí que mes esperase allí ya que no podía acceder a una zona franca . Estuve esperando durante media hora hasta que vino Mona casi llorando diciéndome que no le querían montar la tienda  que habían tenido que desmontar previamente para poderlo poner  en el container para transportarlo con el barco.  Así que ella tuvo que suplicarle al hombre en un idioma ingles/francés que, al tener herramientas apropiadas le montase las tiendas. Después de 1 hora, Mona le ofreció dinero a cambio y el señor encantado acepto y lo hizo muy bien.

Y así, el día siguiente empezamos la segunda parte del viaje con nuestro coche cruzando los grandes lagos con muchas expectativas.

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