¡Viva México!

Posted on November 3, 2011

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Ignorando las rotundas recomendaciones negativas de la embajada española sobre cruzar la frontera mexicana por tierra desde los Estados Unidos, llegamos a México hace ya más de un mes. La verdad es que ninguno de nosotros  imagino que fuera a ser tan fácil. Lo primero que nos sorprende es el cambio  radical que notamos tan solo pasar al otro lado de  la frontera.  En lugar de ver grandes avenidas  construidas para los coches, empezamos a descubrir pequeñas calles hechas a la medida de humanos…. En lugar de centros comerciales gigantes,  nos sorprenden  plazas acogedoras llenas de vida y vendedores ambulantes…. En lugar de ver el tono grisáceo del hormigón en todos los edificios empezamos a ver colores y más colores por donde quiera que vamos…. En lugar de comprar en grandes supermercados de cadenas multinacionales a comprar en los animados mercados  centrales… en definitiva, de estar acostumbrados al orden y  a una cierta monotonía de las urbes americanas que vivimos casi durante seis semanas, aterrizamos a un país con mucha vida, color y que no ha dejado  de sorprendernos cada día.

                                           San Quintín, Baja

Después de leer mucho, hablar con gente y  llamar a la embajada noruega y española, decidimos bajar por Baja California cruzando por el paso fronterizo de Tecate, una ciudad pequeña en México sin mucha gente, que no ofrece complicaciones y en la cual los trámites se pueden hacer rápidamente. Baja California parecía ser la mejor opción para evitar la zona norte del país: las provincias de Sinaloa y Sonora, con problemas de narcotráfico y armas por estar tan cerca de EEUU, y así nos habían recomendado varias personas además de la embajada de Noruega en México. Así que esta opción, combinada con no conducir de noche y usar nuestro sentido común, sonaba bastante segura.

                                 Cactus, cactus y más cactus

Pasamos una semana bajando la península y creo que nadie se había imaginado el calor que nos iba a hacer…. Baja es literalmente un desierto, el paisaje se compone de cactus, tierra y el intenso azul del mar. Ah! Que por cierto también nos chocó lo caliente que estaba el agua en el golfo de México… casi que hacía más calor dentro que fuera del mar. Así que entre calores, baños y más calores fuimos bajando. Dormimos en playas desiertas donde sólo estábamos los seis, eso sí, nos despertábamos con la salida del sol para irnos a dar un baño inmediatamente antes de que se calentara demasiado el ambiente y empezáramos a sudar otra vez. En general, Baja nos sorprendió por su paisaje desértico; las ciudades no eran ninguna preciosidad, salvo alguna que se encontraba en un oasis inundado de palmeras y que ofrecía un respiro ante tanto desierto…. Y fue también una introducción al México que nos esperaba al otro lado de la bahía y al que llegamos con un ferry que cogimos en la Paz, casi en la punta de Baja. Y eso sí que fue una experiencia! Al menos para nosotros, acostumbrados al ferry que tanto cogíamos de Dinamarca a Noruega! Para empezar, éste, al ser baja temporada, estaba repleto de camioneros que se lo pasaban de lo más bien con las películas que pusieron una tras otra (en total unas ocho) a todo volumen, en el trayecto de 12 horas que coincidían con la noche y por tanto no pudimos conciliar demasiado el sueño…. Pero en los ferries europeos tampoco te encuentras con un grupo de mariachis que cantan y tocan en la cubierta, acompañados de una cervecitas para alegrar un poquito más el ambiente. Así que entre éstas llegamos al otro lado de la bahía, a la ciudad de Mazatlán.

Oasis en medio del desierto

5am en Bahia Concepción, Baja

En Mazatlán, el calor de Baja se multiplicó por tres, no por que hiciera más calor sino por la humedad…. Así que lo primero que hicimos al llegar al camping fue darnos un baño en la piscina y recargar fuerzas a causa de la interrumpida noche anterior. Al salir a dar un paseo por el centro histórico nos sorprendió la cantidad de gente que había… ya que en Baja casi no habíamos visto gente, no se bien porqué, había mucha más gente en Mazatlán, y cuando llegó la noche y regresábamos de haber cenado a un pescadito al lado de la playa junto a más mariachis, nos sorprendió otra vez la cantidad de gente que había corriendo y haciendo deporte por la playa…. Tanta como una tarde en Central Park en NY.

Ferry a Mazatlán

Mazatlán está al sur de la provincia de Sonora, que nos habían dicho que era peligrosa, pero la verdad es que nos sentimos muy seguros… igualmente, para evitar problemas, el día  siguiente cogimos hacia el sur y pasamos a la provincia de Tequila. Allí, cómo no, nos quedamos en la ciudad de Tequila, donde pudimos ver las grandes plantaciones de agave (planta de dónde se extrae el tequila). Bajando con el coche por la avenida principal de la ciudad en busca de un sitio donde dormir, vemos un coche aparcado igualito al nuestro. Y al ver la matrícula, nuestros ojos no lo pueden creer, son de Tenerife! Así que dimos media vuelta a ver si los podíamos conocer y efectivamente son unos canarios que subían des de Costa Rica e iban hasta Los Ángeles. Qué coincidencia!

Encuentro en Tequila

De Tequila, seguimos hacia Guadalajara, la ciudad que acogía los panamericanos este mismo año, así que vimos la ciudad pocos días antes de que empezara el gran evento. Ésta es una ciudad grande, hacía tiempo que no estábamos en medio de tanto tráfico. Adriana es ahora la única que se encarga de conducir en ciudades…. Los otros no son capaces, no lo pasan bien.

Paseando por el centro histórico de Guadalajara uno se siente en una ciudad del interior de España y se ve claramente la influencia que ha tenido España sobre México. Las calles bien podrían ser las de Zaragoza o Castilla, las mismas plazas, las mismas iglesias. En ninguna ciudad falta el mercado principal, al que siempre vamos para interactuar con locales o simplemente comer lo que ellos comen, y por supuesto en el mercado es todo más fresco y más barato.

Centro histórico, Guadalajara

Mercado en Guadalajara

Arte con barriles de Tequila

Otras ciudades que visitamos son Tlaquepaque, un suburbio de Guadalajara repleto de tiendas de artesanías y diseño de interiores; Aguascalientes, dónde, al ser viernes por la noche, salimos a cenar tamales en una cenaduría típica y después, en excepción de los chicos, no nos pudimos resistir a salir un rato por el centro y entrarnos en un bar para pedir una margarita, dos piñas coladas y un mojito, acompañadas de música en vivo!  Pero no me puedo olvidar de mencionar a Guanajuato.  Esta ciudad es patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO, como muchas otras ciudades mexicanas, pero esta realmente nos deja a todos maravillados. Es una ciudad pequeña, que se le bien podría llamar un pueblo, y está conectada por  muchísimos túneles subterráneos. Por estos túneles pasan tanto coches como personas y nos sorprende lo limpios que están los túneles por dentro, ni huele mal, ni hay basura. La ciudad está compuesta por casitas de colores en la montaña y por un centro histórico precioso con muchas tiendas de artesanías y mucha vida que dan los habitantes. Justamente, la semana que estamos allí se celebra en Guanajuato el festival Cervantino (festival de música, cine, danza y literatura) de cada año y precisamente este año son invitados de honor Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega, así que vemos a bastantes nórdicos paseándose. Lamentablemente, después de discutirlo mucho, nosotros tenemos que seguir para que no se nos retrase el viaje y no nos quedamos para el festival. Visitamos otro pueblo mágico: San Miguel de Allende, éste no es tan acogedor pero sigue siendo muy bonito. Es un ciudad en la cual se han establecido muchos artistas de todo el mundo, y hay sobretodo muchos americanos. En estos dos pueblos descubrimos lo que es el Zumba: un tipo de aerobic combinado baile latino. Paseando por Guanajuato, oímos salsa, y más adelante vemos que se está impartiendo una clase; nos parece muy divertido así que entramos y participamos de ella…. En San Miguel de Allende también participamos en una… al fin y al cabo, algo de ejercicio tenemos que hacer!

Al lado de información sobre Noruega en Guanajuato

Guanajuato

Seguimos nuestra ruta hacia Tepozotlán, otro pueblo que vemos recomendado en la guía y realmente nos parece muy acogedor. Es un pueblo a las afueras de ciudad de México, donde hay gran tradición de artesanías, y que se encuentra bajo una pirámide. Allí, después de ver varios campings, decidimos por quedarnos en una casa ecológica con sitio para acampar.

Casa ecológca, Tepozotlán

Allí, la señora, nos recomienda ir al pueblo mágico de Cuetzalan, donde pasamos dos días. Es un pueblo indígena y parece que retrocedamos unos cuantos años sólo entrar. Las mujeres van vestidas con sus vestidos tradicionales, blancos como la nieve, decorados con los colores más vivos y los señores con sandalias que parecen del imperio romano. Allí tenemos la oportunidad de entrar a unas grutas naturales y a cavernas con pinturas rupestres. Otra vez, este pueblo, como muchos otros, vive de la artesanía y de lo que se vende en el mercado.

Grutas

Cooperativa indígena en Cuetzalan

Después de ver mucha artesanía y de que Oyvin se empiece a cansar, tenemos que dirigirnos a Puebla para recoger la insulina que nos ha estado guardando Geli, una amiga que conocí en Canadá y que estudia en el Tecnológico de Monterrey de Puebla. Allí pasamos dos días: visitamos la ciudad y la pirámide de Cholula, trabajamos en Internet, lavamos ropa y nos preparamos para ir a la capital.

Visitamos también el parque natural de La Malinche, dónde tenemos la oportunidad de subir a un volcán a 4500 metros de altura con un frío horrible pero con una vista espectacular.

Antes de ir a DF, visitamos las ruinas arqueológicas de Teotihuacán, las pirámides más grandes del mundo. Es impresionante conocer lo bien organizados y avanzados que eran los prehispánicos y es interesante ver, al menos una parte, de lo que había antes de la gran colonización española. Kristian pregunta al guía que qué cree que habría en México si todavía no hubiesen llegado los españoles. La respuesta es clara: nadie lo sabe, quizá serían incluso más avanzados o quizá no.

Pirámides de Teotihuacán

Rezando al dios del sol en pirámides de Teotihuacán

Llegamos a DF un martes en autobús por miedo a llevar el coche a la capital reconocida por su horrible tráfico. Cogemos el metro a la estación de Auditorio, y aterrizamos en el barrio de Polanco, al norte de la ciudad, dónde vive Beatriz, la amiga de Mona. En realidad pensábamos quedarnos en DF 3 días y 2 noches, pero entre la cantidad de cosas que hay que ver en una ciudad de 40 millones de habitantes y lo cómodo que estábamos en la casa de Beatriz, después de no haber tenido una casa a donde volver desde que estuvimos en Boulder, hizo que nos quedáramos 6 días y 5 noches. Estando en el barrio de Beatriz pudimos ver una zona de la ciudad que posiblemente no pudiéramos haber conocido si nos hubiésemos quedado en un hotel del centro y no olvidarme de mencionar el tour que nos dio el día que llegamos en que por tener que coger dos coches porque sino no cabíamos, Adriana tuvo la oportunidad de conducir un Mercedes descapotable a Santa Fe, un suburbio de la ciudad. Y es que nadie pensó que con tantos miedos que nos daba ir con nuestro propio coche a la capital, Adriana acabaría conduciendo el deportivo de Octavio (esposo de Beatriz), en horas de rush hour. Visitamos también el museo antropológico, el centro histórico con el Palacio presidencial, la catedral y el zócalo, el Tecnológico de Monterrey, y tuvimos la oportunidad de ir a ver el ballet folklórico de México, una preciosa actuación de danza popular con música muy bonita. Estos días fueron un verdadero descanso de tantas horas de coche y vida de camping que definitivamente todos disfrutamos.

En casa de Beatriz y Octavio, DF

Adriana con descapotable en tráfico de DF!

Después de recoger el coche otra vez en Teotihuacán, nos empezamos a dirigir hacia Guatemala. La primera parada es Oaxaca, una preciosa ciudad dónde ya casi por rutina vamos al centro histórico y al mercado.

Ahora nos encontramos casi a las puertas de Guatemala. La verdad es que México es un país tan grande que no nos da tiempo de verlo todo y tenemos que tener una razón para volver. México me ha sorprendido en varios aspectos. Siento que se sabe muy poco sobre México en el resto del mundo, al menos yo no sabía casi nada sobre un país que tiene tanto a ofrecer. Tenemos muchos estereotipos sobre México: el cactus, el sombrero, el hombre perezoso con la cerveza en la mano, etc. Y, ciertamente, los mexicanos saben disfrutar de la vida, les encanta comer, cantar y bailar, pero a la vez, es un país muy avanzado con gente muy trabajadora, que ama su tierra. Me cuesta entender porqué hay tantos mexicanos que quieren escapar a Estados Unidos… Y tantos americanos que tienen miedo de pasar al maravilloso paraíso que tienen al otro lado de la frontera. En realidad, nos hemos encontrado con muchos campings cerrados por el descenso  de turismo que ha sufrido México en los últimos años. Pero nosotros no hemos tenido ningún problema, al contrario, nos hemos sentido muy seguros en todo el país. México nos ha tratado muy bien… es un país rico en naturaleza, cultura, gente, y gastronomía, en realidad ya empezamos a cansarnos de tanta enchilada, taco, quesadilla, torta y cemita! Vámonos pa’ Guatemala!

Alexandra

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