Adiós Américas

Posted on March 19, 2012

1


Despedimos  con tristeza a Adriana en Buenos Aires y por algunos días nos sentimos muy extraños… habíamos estado ocho meses tan íntimamente unidos todos que de repente sentíamos  como si algo muy importante nos faltara. Tenemos que reconocer que Adriana era siempre quien ponía un punto de sensatez y objetividad  en  momentos  de crisis (que los ha habido y muchos)  y también que era ella la que dominaba la técnica del montaje y desmontaje de nuestra casa, además de ser la única que hasta el momento le había echado cara con aplomo a la conducción entre el caótico tráfico de algunas  ciudades.  Ahora alguien tendría que substituirla y aprender rápido  su role.

ImageMontando nuestra casa

Siguiendo las instrucciones de nuestros amigos Jeanne y Santos de Mar del Plata,  en vez de tomar  el ferri de Buenos Aires a Montevideo, como habíamos inicialmente planeado, nos dirigimos hacia  la frontera  Uruguaya en Gualeguaychú. Nos llamó la atención que después de tantos pasos fronterizos, fuera en esta frontera en la única que nos inspeccionaran el coche completo con perros policía. Era tarde y paramos en una gasolinera a descansar. A Montevideo  llegamos al día siguiente y cumpliendo estrictamente con el calendario de revisiones del coche, lo dejamos en el taller y  nosotros nos fuimos  a buscar un lugar para alojarnos en el centro. Caminamos  mucho a pesar de que el calor era sofocante, aprovechamos para hacer gestiones por internet y sobre todo para decidir nuestro itinerario en la siguiente parte de nuestro viaje en Asia.  Montevideo nos pareció una ciudad tranquila con un cierto  aire europeo, de hecho caminando por sus calles, nos sentimos a veces trasladados a nuestra añorada Barcelona. Solo vimos el centro y parte del puerto al ir a comer al mercado el famoso churrasco  uruguayo. Nos dimos cuenta de la dimensión real  de la ciudad cuando salimos  con el coche y pasamos barrios enteros de modernos edificios en primera línea de mar. Nos quedamos con ganas de ver más  y explorar con más calma esta ciudad.

ImageMontevideo

 Nuestro siguiente destino era Punta del Este a donde llegamos muy temprano después de descansar en un camping del camino. La fama que tiene este lugar está bien ganada, casas  y edificios espectaculares con impresionantes vistas al océano. De nuevo era difícil creer que estábamos en Suramérica, y nos divertía poder ser testigos de lo que es la temporada alta de las vacaciones veraniegas en el hemisferio sur, en pleno febrero  y en un lugar tan exclusivo como este.  Familias enteras  de origen local,  de Argentina y muchas brasileñas, se paseaban luciendo la última moda en prendas de baño sin parecer muy preocupadas por la crisis que nos azota en Europa.

ImageFamoso monumento en Punta del Este

A Brasil llegamos ese mismo día después de cruzar urbanizaciones y playas privadas,  sólo accesibles a unos pocos. Decíamos adiós a seis meses de comodidad de hablar en nuestro idioma pero al mismo tiempo, el portugués nos trasladaba con nostalgia  a nuestros primeros días de viaje en Mozambique. Sólo pasar la frontera ya era visible que entrábamos no sólo a un país diferente, sino a una diferente cultura. El entorno ya no parecía tan cuidado como en Uruguay o Argentina y la gente en las calles tenía mas colores en su piel y en sus vestidos.  La primera noche la pasamos en un camping de un pueblito perdido en la  costa, donde apenas llegan turistas y con las calles  aún por asfaltar… nos daba la sensación de estar de nuevo en la África que conocíamos, aunque curiosamente la pequeña tienda de la esquina  permanecía abierta 24 horas.

Porto Alegre nos esperaba. Después de una noche  sin dormir luchando contra los mosquitos y con un calor infernal, esperamos  en un aparcamiento de peaje tener luz para entrar en la ciudad.  Adriana ya no estaba como conductora, y además debíamos dejar de nuevo el coche en Toyota  para una nueva inspección. Hay que reconocer que sin GPS se complica todo pero preguntando y con paciencia se acaba llegando  a donde uno se propone. Del concesionario tomamos un taxi a casa de nuestros amigos Eneida y Clovis que estaban de vacaciones  pero habían dispuesto  todo para que nos pudiéramos quedar en su casa. De nuevo no sabemos como agradecer tanta confianza, gratitud y generosidad. La verdad es que  nos cayó muy bien  este receso, con el calor que hacia, 40 grados a la sombra, casi no salimos a pasear, aprovechamos para disfrutar de un sofá y una tv en el aire acondicionado y del gimnasio y la piscina. De Porto Alegre guardaremos este magnifico recuerdo.

ImageCon Bibia en casa de Eneida y Cloves

Recuperados nos fuimos hacia Gramado. Este lugar había sido muy recomendado y aunque era una desviación de la ruta hacia Sao Paulo, decidimos ir a visitarlo. La sensación que da el encontrar de repente y en medio de Brasil un lugar tan bonito, pulcro, ordenado e idéntico a cualquier resort de esquí en verano en los Alpes suizos o austriacos es muy rara. Incluso la gente en las calles parece importada de esos lugares. De nuevo nos sentíamos en Europa y es entonces cuando uno se da cuenta de las diferencias abismales que existen entre esta América del cono sur y la América andina del altiplano….   Image

ImageEmpache en el café colonial

La emigración europea de después de la II guerra mundial explica este fenómeno y esta aún tan presente que se pueden leer algunos carteles en alemán. Nos alojamos en un cámping en Canela, una población vecina y para cumplir con lo obligado, desayunamos el tradicional café colonial, un lujo en nuestra modesta dieta de viajeros. Probamos más de lo que el estómago puede digerir y tuvimos que ayunar hasta el día siguiente.  A Florianópolis, llegamos ese mismo día y sin planearlo nos encontramos en medio del carnaval,  pudiendo presenciar el último desfile de las carrozas ganadoras y sentir en directo el entusiasmo y orgullo con que los brasileños  viven su fiesta nacional. Hay que estar en un sambódromo  para realmente  entender de que se trata todo esto, el baile, los colores, la música, los vestidos, la voluptuosidad y sensualidad  de ellas y ellos … todo un espectáculo para los sentidos.

ImageImage

Movida carnavalera

En camino hacia Rio de Janeiro, visitamos Sao Paulo. Nos quedamos en una de  las mejores zonas de la ciudad; Jardims, en un hotel muy tranquilo. Con toda seguridad esto impacta nuestra impresión tan positiva de la ciudad. Contactamos con amigos CISVers,  comimos en el mercado central con Anita, chica que conocimos en el Seminar Camp que tuvo lugar  en Barcelona en el 2009 y Carolina pudo ver a sus amigas de la delegación brasileña del Summer Camp que participó en Turquía en 2010. Sao Paulo nos pareció un ciudad inmensa y llena de contrastes. En un solo día pudimos  pasear por la calle del barrio donde estábamos  con lujosas tiendas  e impecables  restaurantes de primera y las calles  que rodeaban  el mercado central,  llenas de miseria, gente tirada por la calle, drogadictos, suciedad…. En fin dos mundos a parte. También visitamos el barrio Chino y el centro histórico de la ciudad.

ImageImageImage

Con Anita de CISV en el mercado central de Sao Paulo

Después de visitar Sao Paulo, teníamos que darnos prisa y subir hacia Rio, ya que nos esperaban para empezar con los trámites del envío del coche. Lo hicimos tomando la carretera de la costa, màs escénica que la autopista y haciendo parada en Paraty, un pueblito muy pictoresco.

ImageParaty

ImageVistas en el litoral

En Rio, después de entregar el coche, aprovechamos para hacer un poco de turismo, visitamos el centro histórico un domingo en que la ciudad estaba muy tranquila y solitaria y hacía un calor asfixiante. Por la tarde caminamos por la playa de Ipanema y Copacabana y  parecía que todo Rio se había encontrado allí… las playas estaban llenas de gente disfrutando del sol, tomando cerveza,  jugando a vóley y paseando por el malecón. El siguiente día subimos al famoso Cristo Redentor, en la montaña de Corcovado,  donde pudimos apreciar algunas partes de la ciudad, cuando con suerte, las nubes se movían. Rio nos pareció una ciudad  llena de vida, que adora sus playas, y aunque es bastante sucia  y desordenada,  por encima de todo   es espectacular por su costa accidentada y su mar color azul intenso. Nosotros nos alojamos en un hostal repleto de mochileros en el barrio de Botafogo, un barrio que se llenaba de gente por las noches en los bares y restaurantes para todos los presupuestos. El próximo día el avión salía por la noche, así que tuvimos todo el día para organizarnos y prepararnos con mucho entusiasmo para la próxima etapa.

ImageImage

ImageCatedral nueva de Rio

Posted in: Uncategorized